Cuando acompañar también es prevenir: la importancia de las redes de apoyo en adolescentes que consumen sustancias psicoactivas
Una red de apoyo está formada por las personas e instituciones que pueden brindar acompañamiento emocional.
Pinotepa Nacional, Oaxaca.- Hablar del consumo de sustancias psicoactivas durante la adolescencia suele provocar preocupación, miedo e incluso enojo en las familias. Cuando un padre o una madre descubre que su hijo o hija está consumiendo, es comprensible que aparezcan preguntas como: “¿Qué hicimos mal?”, “¿cómo no nos dimos cuenta?” o “¿qué debemos hacer para que deje de consumir?” Sin embargo, antes de buscar culpables, necesitamos comprender algo fundamental: un adolescente que presenta un consumo problemático necesita límites, pero también necesita vínculos, escucha y acompañamiento.
Y aquí aparece un elemento que puede marcar una diferencia importante: las redes de apoyo. Una red de apoyo está formada por las personas e instituciones que pueden brindar acompañamiento emocional, orientación, protección y ayuda cuando un adolescente atraviesa una situación difícil. Puede incluir a la familia, amistades saludables, docentes, orientadores, profesionales de la salud mental, médicos y otras personas significativas.
Nadie debería enfrentar el problema en soledad
Cuando un adolescente comienza a tener dificultades relacionadas con el consumo, es posible que también aparezcan aislamiento, conflictos familiares, problemas escolares, cambios en sus relaciones sociales o dificultades para expresar lo que está viviendo.
En ocasiones, la respuesta de los adultos consiste exclusivamente en prohibiciones, castigos o amenazas.
Pero debemos preguntarnos: ¿Estamos consiguiendo que nuestro hijo deje de consumir o solamente estamos consiguiendo que deje de hablarnos?
La comunicación abierta no significa permitirlo todo. Significa crear las condiciones para que el adolescente pueda decir lo que está ocurriendo sin sentir que será inmediatamente rechazado o etiquetado.
Un adolescente necesita saber que puede acudir a alguien cuando tiene miedo, cuando se siente presionado por sus compañeros, cuando ha consumido o cuando no sabe cómo salir de una situación.
La familia puede convertirse en un factor protector
La familia tiene un papel fundamental en la prevención y atención de los problemas relacionados con el consumo de sustancias.
Esto no significa que la familia sea responsable de que un adolescente consuma. El consumo es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples factores individuales, familiares, escolares, comunitarios y sociales.
Pero sí significa que una familia que escucha, establece límites claros, mantiene comunicación y busca ayuda oportunamente puede convertirse en un importante factor de protección.
A veces pensamos que acompañar consiste únicamente en vigilar.
Acompañar también significa preguntar:
- “¿Cómo te estás sintiendo?”
- “¿Hay algo que te esté preocupando?”
- “¿Hay alguien que te esté presionando?”
- “¿Qué puedo hacer para ayudarte?”
Y, sobre todo:
- “¿Sabes que puedes hablar conmigo aunque hayas cometido un error?”
La importancia de no etiquetar
Una de las mayores dificultades que enfrentan los adolescentes que consumen sustancias es el estigma.
Palabras como “drogadicto”, “vicioso”, “problemático” o “caso perdido” pueden terminar convirtiéndose en etiquetas que reducen a una persona a una conducta.
Un adolescente no es su consumo
Es una persona que está atravesando una situación que necesita ser comprendida y atendida.
Esto tampoco significa minimizar las consecuencias del consumo. Significa diferenciar entre responsabilizar al adolescente por sus decisiones y condenarlo como persona.
Podemos establecer límites y, al mismo tiempo, decir:
"Lo que estás haciendo nos preocupa, pero sigues siendo importante para nosotros y vamos a buscar ayuda contigo".
La escuela también puede ser una red de apoyo
Los adolescentes pasan una parte importante de su vida en espacios educativos. Por ello, docentes, orientadores y autoridades escolares pueden desempeñar un papel importante en la identificación temprana de señales de riesgo.
Un cambio significativo en el comportamiento, dificultades académicas, ausencias frecuentes, aislamiento o conflictos recurrentes no necesariamente significan que exista consumo de sustancias. Sin embargo, pueden ser señales de que el adolescente está atravesando alguna dificultad que merece ser escuchada.
La escuela no sustituye a la familia ni a los servicios especializados, pero puede convertirse en un puente para facilitar la detección y la búsqueda de ayuda.
Pedir ayuda profesional no es fracasar
Otro aspecto que necesitamos transformar es la idea de que acudir con un psicólogo, médico o especialista significa que la familia fracasó.
Buscar ayuda es precisamente una forma de asumir responsabilidad
La intervención debe ser individualizada. No todos los adolescentes presentan el mismo patrón de consumo, los mismos factores de riesgo ni las mismas necesidades.
Por ello, es importante realizar una valoración profesional y determinar qué tipo de intervención puede ser adecuada para el adolescente y su familia.
En algunos casos será necesario involucrar a diferentes profesionales y fortalecer simultáneamente las áreas familiar, emocional, escolar y social.
Construir una red antes de que llegue la crisis
Una de las preguntas más importantes que podemos hacer a nuestros adolescentes es:
- “Si algún día tienes un problema y no sabes qué hacer, ¿a quién llamarías?”
Si la respuesta es “a nadie”, tenemos una oportunidad para comenzar a construir esa red. Un adolescente debería poder identificar al menos algunas personas adultas confiables a quienes pueda acudir.
No podemos esperar a que exista una crisis para comenzar a construir vínculos de confianza.
La prevención comienza mucho antes.
Comienza cuando conocemos a nuestros hijos, cuando sabemos quiénes son sus amistades, cuando conversamos sobre sus emociones, cuando establecemos límites, cuando enseñamos a pedir ayuda y cuando les demostramos que su valor no depende de que sean perfectos.
Una red de apoyo no significa hacer el camino por ellos
Acompañar a un adolescente tampoco significa resolver todos sus problemas. Parte del proceso consiste en ayudarlo a desarrollar recursos para tomar decisiones, reconocer riesgos, pedir ayuda, manejar emociones y asumir progresivamente responsabilidad sobre su propia vida.
El objetivo no es crear dependencia de los adultos, sino fortalecer su capacidad para afrontar las dificultades de manera saludable. Por eso, una red de apoyo efectiva combina afecto, límites, orientación y responsabilidad.
Una reflexión para las familias
Quizá una de las preguntas más importantes que podemos hacernos como madres, padres y adultos responsables no sea únicamente:
“¿Mi hijo está consumiendo?”
Sino también:
“Si mi hijo estuviera consumiendo, ¿sabría que puede acudir conmigo?”
Porque la prevención no solamente consiste en hablar de las sustancias.
También consiste en construir relaciones donde nuestros adolescentes sepan que pueden pedir ayuda.
El consumo problemático no se resuelve con una sola conversación, una amenaza o un castigo.
Requiere comprensión, intervención oportuna y, en muchos casos, la participación coordinada de la familia, la escuela y profesionales de la salud.
Un adolescente necesita saber que pedir ayuda no lo hace débil.
Y una familia necesita comprender que acompañar no significa justificar el consumo. Significa estar presente para ayudarle a recuperar recursos, tomar decisiones más saludables y construir nuevamente un proyecto de vida.
Porque escuchar también es prevenir. Acompañar también es prevenir. Y construir redes de apoyo también es una forma de proteger.
Importante
Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión
y no necesariamente reflejan la postura editorial de Oaxaca Informa.









































