Oaxaca convierte el recuerdo de sus muertos en fiesta
La Gran Comparsa de Día de Muertos recorrió Oaxaca con música, danzas, mojigangas y expresiones culturales de distintas regiones del estado.
Oaxaca de Juárez, Oaxaca.- En Oaxaca, la muerte no siempre se representa con silencio. A veces llega entre el estruendo de los tambores, el movimiento de las faldas, las figuras monumentales y la música de banda. El recuerdo de quienes se fueron encuentra en las calles una forma de celebración: la memoria también sabe bailar.
La Gran Comparsa de Día de Muertos 2026, bajo el lema «La Fiesta más Viva de Todas», convirtió el recorrido por el Centro Histórico en un encuentro de expresiones culturales de distintas regiones del estado. La celebración partió de la Fuente de las Ocho Regiones y avanzó hasta el templo de Nuestra Señora de la Merced, con la participación de contingentes tradicionales y representaciones escénicas.
Un desfile de identidades y memoria
Al frente de la comparsa estuvieron el gobernador Salomón Jara Cruz, la presidenta honoraria del Sistema Estatal DIF, Irma Bolaños Quijano, y la representante de la Diosa Centéotl 2026, Enid Azucena Torres Agustiniano. Sin embargo, el protagonismo de la jornada estuvo en las expresiones comunitarias que dieron forma al recorrido.
Las Chinas Oaxaqueñas de Casilda Flores avanzaron con sus faldas negras y velas encendidas, símbolos de luz y guía para las ánimas. Las mojigangas elevaron sus figuras sobre la multitud, mientras las marmotas y el llamado Trenecito de la Prosperidad Oaxaqueña abrieron paso a una celebración donde la música y el movimiento convocaron a propios y visitantes.
La comparsa de Yahuiche aportó la diversidad de sus vestuarios y la energía de sus bailes. Desde la Mixteca, los Diablos de San Sebastián Tecomaxtlahuaca llevaron a las calles la representación de la dualidad entre el bien y el mal, acompañados por el ritmo de la banda.
Del Istmo al Mictlán: un recorrido por la cosmovisión oaxaqueña
El desfile también incorporó esqueletos gigantes en posición horizontal y una representación del Bani Stui Gulal, espectáculo escénico que narra la evolución histórica de la Guelaguetza. La presencia de Juchitán de Zaragoza llevó al corazón de la capital la fuerza cultural del Istmo, sus costumbres y sus formas de honrar a los difuntos.
Otra de las representaciones fue el carro empujable «Mictlán», evocación del tránsito hacia el más allá y de la cosmovisión mesoamericana sobre la muerte. Así, entre figuras, música y personajes, la comparsa enlazó distintas maneras de comprender la ausencia y mantener vivo el recuerdo.
El Gobierno de Oaxaca informó que las festividades de Día de Muertos generaron una derrama económica superior a 500 millones de pesos, con una ocupación hotelera del 100 por ciento y boletos de avión agotados, cifras que atribuyó a la afluencia turística de estas fechas. Al concluir el recorrido, también se entregaron reconocimientos a los tres mejores contingentes y catrinas participantes.
En Oaxaca, la celebración no consiste únicamente en esperar el regreso simbólico de los muertos. También significa reconocer las raíces que permanecen, las comunidades que las conservan y las generaciones que las transforman. Por eso, cuando la comparsa se aleja y la música deja de sonar, algo permanece en las calles: la certeza de que recordar también es una manera de celebrar la vida.
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