La historia de la participación política de las mujeres en México es una lucha persistente por la igualdad. Desde que se reconoció su derecho a votar —y más tarde, a ser elegidas— han pasado más de 70 años de avances graduales. Hoy podemos hablar de legislaturas paritarias, instituciones más abiertas y una ciudadanía que reconoce cada vez más la importancia de que las mujeres ocupen espacios de decisión.
Este avance no ha sido lineal ni automático. En Oaxaca, un estado con realidades comunitarias diversas, persisten desafíos que frenan la participación plena de las mujeres. Entre ellos, dos destacan por su fuerza y persistencia: la violencia política en razón de género y la distribución desigual de los trabajos de cuidado.
A simple vista pueden parecer problemas distintos, pero están íntimamente conectados. La carga de cuidados que llevan sobre los hombros y la hostilidad que enfrentan en lo público siguen siendo barreras reales. De acuerdo con datos de ONU Mujeres, las mujeres gastan en promedio 2.8 horas más al día que los hombres en tareas de cuidado y trabajo doméstico no remunerado. Sin tiempo, sin redes de apoyo y sin corresponsabilidad social en las tareas de cuidado, a muchas mujeres les resulta más difícil postularse, hacer campaña o mantenerse en un cargo de elección. Y esto no es una percepción: tan solo en 2024, hubo más procesos electorales extraordinarios derivados de renuncias anticipadas de mujeres presidentas municipales que de hombres, pese a que ellas son minoría en estos puestos.
Sin embargo, también es cierto que Oaxaca se encuentra en un momento de oportunidad. Las discusiones recientes sobre el Sistema Nacional y los sistemas locales de cuidados, así como el reconocimiento internacional del derecho al cuidado, han abierto una puerta que hace unos años parecía cerrada: la posibilidad de construir una sociedad del cuidado que permita a las mujeres participar plenamente en la vida pública sin sacrificar su bienestar ni su proyecto personal.
ONU Mujeres recuerda que los trabajos de cuidado sostienen la vida: desde la atención a las infancias y personas adultas mayores, hasta la limpieza del hogar, el acompañamiento emocional y la gestión cotidiana de un hogar. Son tareas indispensables y complejas, con dimensiones materiales y afectivas, que históricamente han recaído sobre las mujeres. Pero reconocerlas como un derecho y como una responsabilidad compartida cambia por completo la discusión.
Unamiradaa políticas públicas que redistribuyan el trabajo de cuidados —guarderías comunitarias, centros de día, licencias corresponsables, apoyos para mujeres en cargos públicos, partidos políticos que consideren las necesidades de cuidado—, el impacto no sería solo en la vida privada de las familias: tendría un efecto directo en la calidad de la democracia. Más mujeres participando, más voces representadas y decisiones más justas para todas las comunidades.
Cada vez más mujeres, desde los pueblos hasta las ciudades, exigen que el cuidado deje de ser visto como una obligación femenina y se convierta en un compromiso social. Cada vez más instituciones reconocen que sin igualdad en el tiempo, no puede haber igualdad en la política. Y cada vez más comunidades entienden que una mujer que participa no solo transforma su vida, sino la de su municipio.
Oaxaca tiene una enorme riqueza social: sus redes comunitarias, su sentido de colectividad y su forma tradicional de organizar la vida pública. Esa fortaleza puede convertirse en la base para un nuevo modelo de participación política donde cuidar también sea un acto público, compartido y digno.
Hablar de cuidados no es hablar del pasado; es hablar del futuro. Un futuro en el que las mujeres puedan ejercer sus derechos político-electorales sin cargas desiguales, sin violencias y sin renuncias forzadas. Un futuro donde la paridad sea más que un número: sea una garantía de que todas las mujeres, sin distinción, puedan llegar y permanecer en los espacios donde se toman las decisiones.
Construir una sociedad del cuidado no solo beneficia a las mujeres. Beneficia a toda Oaxaca. Porque cuando la política cuida, la democracia florece.