Oaxaca, la memoria hecha a mano: artesanos toman la Alhóndiga
Casa Hecho en Oaxaca reúne 110 unidades económicas y más de 10 mil piezas en la Real Alhóndiga de Antequera, donde la artesanía enlaza memoria, identidad y sustento familiar.
Oaxaca de Juárez, Oaxaca.- Hay objetos que guardan más que una forma, un color o una utilidad. En sus materiales y técnicas también permanece la memoria de quienes aprendieron a hacerlos, de las comunidades que los reconocen como propios y de los conocimientos que pasan de una generación a otra. En Oaxaca, esa continuidad encuentra un escaparate en Casa Hecho en Oaxaca: Ofrenda y Herencia, una feria que reúne 110 unidades económicas y más de 10 mil piezas para la venta durante las celebraciones de Día de Muertos.
Instalada en la Real Alhóndiga de Antequera, en el Centro Histórico de Oaxaca de Juárez, la muestra permanecerá abierta hasta el 4 de noviembre. Participan 90 unidades económicas del sector artesanal y otras 20 dedicadas a actividades complementarias, con propuestas gastronómicas y productos que cuentan con el distintivo Hecho en Oaxaca.
Los oficios donde permanece la memoria
La artesanía no es únicamente una expresión estética. También representa trabajo, conocimiento técnico y una relación con el territorio. Detrás de cada pieza existe un proceso de aprendizaje: reconocer materiales, dominar herramientas, repetir movimientos y desarrollar una destreza que difícilmente puede reducirse a la apariencia del objeto terminado.
En una entidad cuya diversidad cultural se expresa en lenguas, textiles, cerámica, madera, metales, alimentos y numerosas formas de creación, los oficios tradicionales forman parte de una herencia que sigue transformándose. Su continuidad depende tanto de la transmisión de conocimientos como de las condiciones materiales que permiten a sus creadores vivir de su trabajo.
Por eso, los espacios de comercialización tienen una dimensión que va más allá de la exhibición. Acercar a las personas productoras con quienes compran puede abrir oportunidades de ingreso y facilitar que el valor de una pieza se relacione con el tiempo, la destreza y la experiencia necesarios para elaborarla.
La feria Ofrenda y Herencia busca reunir esas dimensiones: cultura y economía, patrimonio y presente. Su desafío consiste en que la visibilidad de los productos se traduzca también en ventas y oportunidades sostenibles para quienes los elaboran.
La Alhóndiga: otra historia bajo el mismo techo
El escenario elegido aporta una segunda capa de memoria. La Real Alhóndiga de Antequera es un inmueble histórico que, desde el siglo XVIII, estuvo vinculado al almacenamiento y la distribución de granos básicos. De acuerdo con la documentación histórica difundida por la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca, el edificio funcionó como alhóndiga entre 1753 y 1893, en un predio que conserva vestigios de ocupaciones anteriores.
La historia del lugar incluye distintas etapas de la ciudad: restos arqueológicos, construcciones de la época colonial y usos posteriores que modificaron su relación con el entorno urbano. Su recuperación permitió devolverlo a la vida pública como espacio para actividades culturales y artísticas.
Que hoy albergue una feria de productos oaxaqueños establece una relación significativa entre el pasado y el presente. Un inmueble que tuvo una función vinculada con el abastecimiento de alimentos recibe ahora objetos elaborados por manos que mantienen vivos distintos oficios. No es una continuidad idéntica de funciones, sino una nueva manera de activar un edificio patrimonial mediante actividades abiertas a la comunidad.
De Santiago Jamiltepec a las ocho regiones
En representación de la comunidad artesanal, Berta Salinas de la Rosa, maestra textil de Santiago Jamiltepec, agradeció la apertura del espacio para que creadoras y creadores de las ocho regiones de Oaxaca puedan mostrar y comercializar sus productos.
Su participación recuerda que la identidad artesanal del estado no responde a una sola técnica ni a una tradición uniforme. Las expresiones culturales cambian de una comunidad a otra, y cada oficio posee sus propios materiales, procedimientos y formas de transmisión.
Reunir esa diversidad en un mismo recinto permite acercar al público a una parte de la producción cultural oaxaqueña. También plantea una responsabilidad: reconocer la procedencia de las piezas, valorar el trabajo de sus autores y evitar que la promoción de la tradición oculte las condiciones económicas de quienes la sostienen.
Durante la inauguración, el gobernador Salomón Jara Cruz señaló que estos espacios permiten a artesanas, artesanos y productores comercializar directamente sus creaciones. También anunció que se trabaja en un proyecto para establecer un mercado de artesanías que reúna a personas productoras de distintas comunidades. La iniciativa permanece en desarrollo y todavía no se ha informado una fecha de apertura.
El reto de convertir el reconocimiento en sustento
El secretario de Desarrollo Económico, Raúl Ruiz Robles, destacó la importancia de reconocer los conocimientos, oficios y expresiones culturales transmitidos entre generaciones, así como de mejorar las oportunidades de ingreso de quienes se dedican a la producción artesanal.
La distinción entre celebrar una tradición y sostenerla económicamente es fundamental. La primera puede generar atención durante una temporada; la segunda requiere compradores, canales de distribución, precios que reconozcan el trabajo invertido y oportunidades de venta más allá de las fechas festivas.
En ese sentido, Casa Hecho en Oaxaca participa en una discusión más amplia sobre la relación entre patrimonio cultural y economía local. La feria ofrece un punto de encuentro en una temporada turística relevante, aunque su impacto real dependerá de resultados que no se conocen todavía, como el volumen de ventas, los ingresos de los participantes y la continuidad de los canales comerciales.
La muestra forma parte de las actividades estatales de “La Fiesta más Viva de Todas”, con alrededor de 100 actividades culturales y turísticas previstas por el Día de Muertos. El gobierno también proyectó una ocupación hotelera de 95 por ciento durante estas fechas; se trata de una estimación oficial, no de un resultado final confirmado.
La artesanía, sin embargo, no necesita quedar reducida a un atractivo para visitantes. Su importancia reside también en la vida cotidiana de las comunidades, en la transmisión de saberes y en la posibilidad de que las nuevas generaciones encuentren razones económicas y culturales para continuar los oficios.
Hasta el 4 de noviembre, la Real Alhóndiga de Antequera reunirá miles de piezas y a decenas de unidades económicas. Cada una representa una propuesta distinta, pero todas comparten una pregunta de fondo: cómo hacer que el reconocimiento de la cultura se convierta en mejores condiciones para quienes la mantienen viva.
Porque una tradición no permanece únicamente en los objetos que deja. También vive en las manos que siguen aprendiendo a crearlos y en las condiciones que permiten que ese conocimiento tenga futuro.
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