Mazatlán Villa de Flores: la bandera que levantó el pueblo
La historia de Mazatlán Villa de Flores está marcada por la resistencia mazateca y ahora el arribo de Avelino Rosas Marín a la presidencia municipal.
Mazatlán Villa de Flores, Oaxaca.— La historia de este municipio mazateco no puede reducirse a una sucesión de presidentes municipales. Sus raíces están en las montañas, la lengua mazateca, la memoria de los ancianos y una concepción comunitaria de la autoridad, la tierra y la vida.
El nombre Mazatlán, de origen náhuatl, ha sido interpretado como “lugar donde abundan los venados” o “cerro donde abundan las piñas”. Más allá de esas traducciones, el territorio forma parte de la memoria histórica y cultural del pueblo mazateco.
La comunidad como forma de vida
Los antepasados mazatecos ocuparon un territorio más amplio y, ante distintos procesos de expansión y desplazamiento, se refugiaron en las montañas. Allí preservaron su lengua y desarrollaron formas comunitarias de organización vinculadas con la milpa, las fiestas, la medicina tradicional y el respeto a la naturaleza.
En la memoria recogida por Epifanio Marín aparece la antigua celebración de Chumajie, “el gran animal”, considerado protector del cerro. Después de la cosecha, la comunidad llevaba los primeros frutos de la tierra —maíz, frijol y calabaza— para compartirlos y agradecer por la continuidad de la vida.
La tradición expresaba también una idea central de la organización comunitaria: la tierra y la cosecha tenían sentido cuando sus frutos eran compartidos y nadie quedaba excluido.
Con el paso del tiempo, esa estructura fue confrontada por modelos externos de organización política y por un prolongado sistema caciquil que, según la memoria histórica de la comunidad, concentró el control municipal en unas cuantas familias.
1991: el pueblo levanta su bandera
Uno de los episodios decisivos ocurrió en 1991, cuando la Asamblea Comunitaria emprendió un proceso para recuperar el control del gobierno municipal. La movilización incluyó reuniones, marchas, plantones y jornadas de resistencia frente al Congreso del Estado y el Palacio de Gobierno.
En medio de aquella lucha quedó una frase atribuida a Constancia, comadre de la comunidad: “El pobre levanta su bandera”.
El 2 de agosto de 1991, después de seis meses de resistencia, el Congreso de Oaxaca declaró desaparecido el Ayuntamiento encabezado por Willebaldo García González. De acuerdo con la reseña histórica, la comunidad había recuperado previamente el espacio municipal, nombrado autoridades, elaborado un nuevo sello y comenzado a resolver sus asuntos mediante la Asamblea.
La faena volvió a ocupar un lugar central. Las comunidades participaron en trabajos colectivos para atender caminos, espacios públicos y servicios, mientras la autoridad municipal recuperaba, en esa visión comunitaria, su carácter de servicio.
La recuperación también estuvo acompañada por represión, encarcelamientos y persecución, de acuerdo con el relato histórico. El 12 de octubre de 1992, alrededor de cuatro mil mazatecos marcharon por la ciudad de Oaxaca para exigir respeto a su dignidad y a su derecho a participar en las decisiones sobre su municipio.
La historia posterior estuvo marcada por nuevos conflictos, divisiones y periodos de estancamiento. Pero la memoria de aquella movilización permaneció como parte de la identidad comunitaria.
Avelino Rosas Marín recibe el bastón de mando
En ese contexto histórico se inscribe el arribo de Avelino Rosas Marín a la Presidencia Municipal de Mazatlán Villa de Flores.
Acompañado por habitantes de las comunidades, Rosas Marín recibió la investidura legal como presidente municipal constitucional y el bastón de mando, símbolo de autoridad dentro de la tradición comunitaria.
Como parte de la ceremonia, acudió ante la Virgen del Rosario, considerada madre espiritual del pueblo, para dar gracias. El acto religioso se integró así a una jornada marcada por elementos políticos, comunitarios y culturales.
El nuevo gobierno recibe un municipio cuya historia reciente está atravesada por disputas por el poder, organización comunitaria y demandas de atención a las localidades. Entre los retos planteados en esta nueva etapa están la atención a las comunidades más apartadas, la protección de los recursos naturales, el fortalecimiento de la educación y la generación de oportunidades para los jóvenes.
El significado del bastón de mando, dentro de la tradición descrita, va más allá de una ceremonia protocolaria: representa una autoridad vinculada con la comunidad y con la obligación de escucharla.
La historia de Mazatlán Villa de Flores deja así una referencia que trasciende a cualquier administración. La bandera levantada por el pueblo en 1991 forma parte de una memoria de resistencia y organización comunitaria que continúa presente en el municipio.









































