Las dos Morenas de Oaxaca
Como en 2018, 2024 y la elección judicial de 2025, Oaxaca será clave en 2030, pero antes Morena afrontará una disputa que ya no es silenciosa.
Como en 2018, 2024 y la elección judicial de 2025, Oaxaca será clave en 2030, pero antes Morena afrontará una disputa que ya no es silenciosa.
Oaxaca de Juárez, Oaxaca.— Oaxaca es una de esas piezas que, colocadas sobre el tablero, pueden inclinar la partida. Lo demostró con su peso electoral para la Cuarta Transformación y volvió a recordarlo con la elección judicial que llevó a Hugo Aguilar Ortiz a la presidencia de la Suprema Corte. El mensaje es sencillo: Oaxaca cuenta.
Por eso Andrés Manuel López Obrador hizo de la entidad una parada frecuente durante su gobierno. Claudia Sheinbaum parece haber entendido la lección. Una clínica, una tarjeta, una presa, un anuncio de inversión: cada visita tiene su fotografía, pero también una lectura política. Oaxaca no sólo recibe al poder; puede ayudar a decidir quién lo conserva.
Y eso lo sabe Salomón Jara Cruz, que mira hacia 2028 mientras mueve sus piezas. El problema es que dentro de Morena hay una grieta que ya no parece una grieta: son dos maneras de entender el movimiento.
Una es la Morena que aprendió a vivir al amparo del poder. La que convirtió el cargo público en escalera, el presupuesto en territorio y la cercanía con el gobierno en una forma de influencia. No es un fenómeno exclusivo de Oaxaca. Pero tampoco sería sensato fingir que aquí no existe.
La otra Morena es la que reivindica los principios fundacionales del movimiento. La que Jara Cruz ha intentado dejar fuera de los espacios de decisión. Y aquí aparece una de esas paradojas que la política suele esconder hasta que deja de ser conveniente: al marginarla, quizá la fortaleció.
Porque quien gobierna carga con el desgaste del gobierno. Quien está fuera puede observar, señalar y esperar. Los señalamientos de nepotismo y corrupción que golpean a la administración estatal no necesariamente alcanzan de la misma manera a quienes fueron apartados de ella. El aislamiento, que pretendía ser una frontera, puede terminar convertido en trinchera.
Ahí está el riesgo para Jara.
La sucesión de 2028 podría no ser una batalla entre Morena y la oposición, sino una disputa por el alma misma de Morena. No necesariamente para sacar al partido de Palacio, sino para decidir quién llega a Palacio de Gobierno en su nombre.
Oaxaca puede volver a ser determinante. Pero esta vez la pregunta no será solamente quién gana la elección.
Será qué Morena gana con ella.
... sin agresión. Fue al balón.
Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión
y no necesariamente reflejan la postura editorial de Oaxaca Informa.

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