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¿Hasta dónde debe llegar el sacrificio de los padres en el deporte?

Para toda la familia Maymon

Hace tiempo me tocó conocer a un papá que se fue a vivir por cuestiones de trabajo a Estados Unidos.  Su hijo era muy destacado en México en su deporte, pero ante la falta de apoyo, competencia y demás, lo abandonó. Paradojas de la vida, a donde llegaron a establecerse, vivía uno de los mejores entrenadores del mundo en el deporte que practicaba su hijo. Ante dicha oportunidad, el hijo volvió a entrenar y competir. En menos de dos años, ya se destacaba como uno de los diez mejores a nivel nacional.

La historia era perfecta hasta que al papá lo llamaron de nueva cuenta a trabajar en México.

El hijo deportista se opuso a regresar, pero los demás hermanos y su propia madre sentían que ya habían cumplido su ciclo en Estados Unidos. Extrañaban a sus familiares y amigos, el apoyo de personal en las labores del hogar, la comida, etc.  Cuando el padre me platicó la historia me dijo que su hijo no le perdonó el haberse regresado.

En este caso, la familia no se fue al extranjero a que su hijo triunfara en el deporte. Pero hay muchos casos en donde si lo hacen, y el sacrificio no solo es para el atleta que entrena y compite, sino para la familia completa que invierte todo su tiempo y dinero para que alguno de sus hijos alcance el sueño de ser profesional.

Hay un sinfín de historias donde sábados, domingos, días festivos y periodos vacacionales durante años, fue ir a los torneos o partidos de alguno de los hijos, acompañados la mayoría de las veces de los hermanos porque no había con quien dejarlos. Lo que inició como una ilusión al paso del tiempo se empieza a transformar en un sinnúmero de emociones.

Cuando se gana, parece que escoger el camino ha sido fácil, pero cuando llegan las rachas de las derrotas,  pareciera que todo ha sido en vano, y los reclamos, conflictos y momentos de duda o incertidumbre se empiezan a hacer presente a cada momento.

¿Qué pasa entonces? Qué la ilusión ya no es suficiente, que el dinero empieza a escasear ante tanto torneo y salida,  que los hermanos han crecido y quieren tener una vida diferente a ser espectadores de las victorias o derrotas del hermano atleta. Y ahí la familia en su conjunto tiene que tomar una decisión.

Primero dejan de viajar todos para enfocarse en que solo el padre o la madre acompañe al hijo que compite.  Después, si se tienen los recursos económicos, llega el momento de “soltar” al niño y mandarlo a una academia lejos de la familia. Y existe el último caso en donde en aras de que alcance la gloria alguno de los hijos, toda la familia se sacrifica.

En estos casos, se inserta una presión adicional al hijo, mucho más fuerte que ganar o perder un partido en un torneo.  Porque ahora ya no solo se juega el pase a la siguiente ronda, sino la justificación y la razón de que sus padres hicieron lo correcto al dejar todo por él o ella.

Y es aquí donde surge la pregunta que motiva esta columna ¿Hasta dónde se debe acompañar este sueño y hasta donde debe llegar el sacrificio de los padres? ¿Qué implicaciones tiene para los demás miembros de la familia quienes, sin deberla ni temerla, su infancia y adolescencia se convirtió en ser espectadores de todas y cada una de las competencias de alguno de sus hermanos? ¿En qué momento este sueño puede convertirse en una obsesión infructuosa sin punto de retorno?

Estas preguntas me llevan a una primera conclusión: No basta que sea sólo el sueño del menor, si este no es compartido por los padres.  Y de la misma manera, no es suficiente el deseo de los padres, si éste no está acompañado del mismo deseo por parte del hijo.

Cuando la fijación es sólo de los padres, el hijo competirá hasta que tenga la edad suficiente para “tirar la toalla” y decirles que no vuelve a ir a un entrenamiento o a clasificarse a un torneo. Pero cuando la obsesión es del menor, entonces si es una gran interrogante saber cuál es el límite.

Yo soy uno de esos padres que lo vivo y me lo cuestiono de manera recurrente, porque tengo tres hijos que compiten en tres disciplinas diferentes en torneos Nacionales. Tuve la suerte que una de mis hijas terminara el año como número uno del país en su categoría, otra que calificó a un Mundial  y representará a México en menos de tres meses en Butami, Georgia, y otro hijo que, aunque todavía no ha ganado, se ha destacado siempre en los torneos donde ha participado.

Por ellos, me quedé sin fines de semana y sin fechas de vacaciones, porque siempre hay alguno que compite.  Y cuando platico de ellos casi siempre la pregunta que me hacen es ¿Hasta dónde quieres que lleguen o cuál es la meta? ¿Qué estás dispuesto a sacrificar para que lo puedan lograr?

Y en esas conversaciones, una cantidad considerable de padres, conocidos o amigos en común me han platicado un sinfín de anécdotas de sacrificios que hicieron ellos o algún conocido en el afán de que sus hijos triunfaran.

Yo a todos les he dicho que me gustaría que pudieran alcanzar una buena beca en una universidad de prestigio en el extranjero como una primera meta.  Cuando he dicho esto nadie me lo discute, sin embargo he escuchado decir a varios entrenadores y a uno que otro papá cuando hablan de algún chico en particular “Sí es muy bueno, pero es conformista, sólo se quiere ir becado a una buena universidad.”

Desde mi punto de vista, a diferencia de épocas pasadas, la universidad y el profesionalismo ya no se anteponen sino por el contrario. Hace algunos años había que optar entre seguir los estudios universitarios o dedicarse a ser profesional, porque a los 23 años acababas la carrera y a los 28 los atletas se retiraban.

En la actualidad, con los nuevos planes de estudio, junto con los avances en la ciencia, puedes terminar la universidad a los 21 y competir hasta arriba de los 35 años sin ningún problema (Quien podrá decir que en un futuro no muy lejano esto se pueda ampliar hasta arriba de los 40 años o más). Por eso digo que el primer objetivo debe ser terminar la universidad y después si eres muy muy bueno, la consecuencia lógica será el profesionalismo,  pero no te debe de correr prisa o urgencia, hay tiempo para todo.

Por lo anterior, sostendría que si el sueño y la obsesión es compartida entre padres e hijos, no desistas, pero disfrútalo.  Si no estás dispuesto a dejar unas vacaciones en la playa por asistir a un torneo en las condiciones que he narrado en columnas anteriores, este camino no es para ti.

La felicidad no tiene que ser la misma para todos, a algunos se los dará el ver brillar a sus hijos en la televisión,  a otros lograr una beca universitaria, para algunos más podrá bastar con haberlos alejado de los vicios en su infancia o adolescencia. Pero si al final amaste el proceso, cualquiera de ellos habrá valido la pena.


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¿Se puede triunfar en México o hay que salir al extranjero? Parte 3

Para mi querido Dani, por estos 12 años de amistad

En las primeras dos partes de esta entrega, analizamos diversos aspectos que impiden un mejor desarrollo del tenis infantil y juvenil en MéxicoAhora me centraré en desarrollar otros factores que representan un reto o dificultad para cualquier niño que esté en el tenis competitivo desde pequeño.

Como lo dije en la ocasión anterior, imaginemos que la parte económica no es en estos momentos un obstáculo, y que la Federación ha hecho los cambios necesarios en los formatos de competición (subir de categoría, un torneo paralelo de consolación, tener canchas para entrenar en los torneos, etc). ¿Qué seguiría ahora? El tema de los entrenadores y la familia. Vayamos por partes.

Tengo un profundo respeto por todas aquellas personas que se han dedicado a una de las tareas más nobles que puede existir: enseñar y formar a los niños. En el mundo del tenis se les llama “coaches” o “entrenadores”. Sin que pueda hacerse una clasificación de ellos, podemos distinguir varios tipos de entrenadores.

Está el “maestro de tenis” que la mayoría de los padres consiguieron en el club en donde sus hijos practican. Este profesor es el que, sin mayor preparación o certificación, sino basándose única y exclusivamente en su propia experiencia, enseñó al niño a agarrar la raqueta, a pararse de cierta manera para golpear la pelota, etc.  Esto es, proveyó al pequeño de los golpes básicos y generó una primera relación de autoridad entre maestro-alumno.

Cuando los niños empiezan a destacarse en los torneos, a los padres les suelen aconsejar que es el momento de allegarse de un “mejor entrenador”, uno más calificado, que tenga experiencia en el alto rendimiento o en los torneos de alta competición. Cuando ya se habla de entrenadores de este tipo, el abanico se reduce de manera sustancial, sobre todo si estamos hablando de poder encontrar “libre” a un coach muy calificado que se dedique casi de tiempo completo a tu hijo.

¿Cuántos podrían tener la suerte de poder encontrar y contratar a un entrenador de este tipo, por citar un ejemplo en una ciudad de menos de cien mil habitantes? ¿Cuántos podrían ofrecerle además el salario digno para que este entrenador o coach se dedique casi de manera exclusiva a tu hijo, amén de solventarle todos sus gastos cuando acompañe al menor a los torneos?

En mi experiencia, es casi imposible encontrar entrenadores muy calificados para poder llevar a un niño de 10 o 12 años al siguiente nivel. ¿Por qué? Primero que nada porque hay muy pocos. Segundo, porque esos entrenadores más bien se encuentran en determinadas academias o centros de alto rendimiento, pero ninguno deambula en un club deportivo social para ver a que niño se encuentra, y es ahí donde los padres contratan prácticamente a la mayoría, por no decir que a todos.

Esos entrenadores tienen un límite. Al final cumplieron una misión en sus inicios, pero cuando el niño ya es el mejor de todo un país y está listo para competir en el extranjero, es obvio que se requiere un perfil más alto, y es aquí cuando tenemos que construir una alternativa para nuestro país. Me explico.

De poco sirve llevar a un entrenador, si al final su utilidad se reduce a saberte “calentar” en cancha y echarte algunas pelotas antes del partido; a gritar y vociferar en algunos puntos durante el torneo, y en decirte al final lo que cree que hiciste mal.

Si por poner un número, compiten 700 niños en torneos infantiles y juveniles, ¿Podríamos decir entonces que hay ese mismo número de entrenadores calificados? En lo personal no creo que haya más de 30 que pudiera poner como de un buen nivel, lo cual sería un 4% aproximadamente. Esto significa que el 96% podría estar “perfeccionando el error” al no ser entrenados de la manera adecuada para el “alto rendimiento o competencia".

De este reducido número de entrenadores a nivel técnica, ¿Cuántos de ellos además estarían calificados para saber manejar en el niño la parte mental, la tolerancia a la frustración ante la derrota o la correcta gestión de los partidos a nivel estrategia? ¿Cuántos de estos podrían dedicarse solo a tu hijo? El número sería prácticamente nulo y el costo sería altísimo.

Ante la falta de este capital humano muy calificado, los niños en estas etapas empiezan a estancarse. Mientras los americanos, franceses o italianos tienen una alta importación de tenistas qué quieren ser como ellos, y por ende no necesitan buscar competencia porque llega sola, nosotros nos enfrentamos a la ausencia de competencia, a la carencia de buenos entrenadores, y a la apatía de querer hacer mejor las cosas.

Si prácticamente todos los tenistas nacen en un club deportivo de tenis, ¿Por qué ninguno le ha apostado a contratar a un entrenador certificado en el extranjero con todas las credenciales?

¿Cuánto te costaría traer a veinte de los mejores entrenadores del mundo, dedicados exclusivamente a los mejores jugadores de México desde las categorías infantiles?  ¿Cuánto te costaría hacer convenios con Estados Unidos, Francia, Italia o España para poder llevar a las mejores promesas mexicanas a entrenar y competir con sus mejores talentos? ¿Cuánto te costaría crear un sistema de competencia en México trayendo a los mejores argentinos, brasileños, chilenos y colombianos?

Hemos desperdiciado nuestra posición geográfica. El conformismo (“Mejor vete al extranjero), el egoísmo de los que podrían hacerlo posible (“¿Y yo que ganó?”) nos han hecho perder un sinfín de oportunidades y de tiempo. La pregunta hoy es si se puede revertir o no hay posibilidad alguna.

Hoy, te tienes que ir al extranjero. Pero la idea, sueño o ilusión de muchos es que un día podamos hacer algo en México, para que no volvamos a escuchar la frase de “te tienes que ir al extranjero” sino qué por el contrario, en un tiempo no muy lejano, podamos decir con mucho orgullo “México, lo empezó a hacer hace poco y lo está haciendo muy bien.”

COMO COROLARIO. Lo dije antes, Novak Djokovic no será tan dominante como lo fue. Semis en todos los torneos pero no ha podido ganar. En Montecarlo tuvo un draw muy complicado desde su primer partido. Hoy, sus rivales saben qué en un gran día lo pueden vencer. En el tercer set de la semifinal contra Ruud se le vio agotado física y mentalmente. No será el gran favorito en Roland Garros, aunque defienda el título.


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¿Se puede triunfar en México o hay que salir al extranjero? Parte 2

En la PARTE 1 de esta columna empecé a desarrollar las dificultades o retos a los que se enfrentan los tenistas mexicanos en las categorías infantiles y juveniles. Lógico son muchas aristas, por lo que tuve que dividir estas reflexiones en varias entregas. En esta segunda parte de tres o cuatro, abordaré otros aspectos que pueden ser subsanados sin mayor complejidad en beneficio del tenis mexicano.

Imaginemos que los padres solventaron ya los costos económicos de viajar y competir durante siete u ocho semanas al año que referimos anteriormente, y que además ya se le permite jugar algunos torneos en una categoría más grande a la suya. Vayamos ahora al siguiente problema: la falta de espacios deportivos para competir con calidad. Lo ejemplifico.

Canchas de tenis para jugar en México puede haber muchas. Pero para competir y entrenar en un Campeonato Nacional hay muy pocas. Como los Nacionales de Tenis se juegan durante una semana determinada en una sola ciudad, la Federación de Tenis debe buscar que clubes privados presten sus instalaciones para albergar durante ocho días a cientos de tenistas que competirán en las categorías de 10, 12, 14, 16 y 18 años y menores, tanto en singles como en dobles, en la rama varonil y femenil, junto con un torneo previo de calificación, más lo que se conoce como “Torneo de Consolación” para los jugadores que pierden en la primera o segunda ronda del cuadro principal.

¿Qué significa esto? Qué nunca hay canchas suficientes, por lo que entrenar antes y durante el desarrollo del torneo es imposible.  Ante esta situación, prácticamente todos los jugadores llegan “en vivo” a tratar de pegarle a la pelota en su primera ronda. Esto es, si entrenas en altura y en cancha dura los 365 días del año y el torneo se juega en estas condiciones, es probable que no tengas mayor dificultad. Pero si entrenas todo el año a nivel de mar y en arcilla, tienes mayores probabilidades de perder aunque seas muy superior a tu adversario.

A nivel profesional, los jugadores tienen que competir en todas las superficies y condiciones durante todo el año. Pero para un niño de 10 o 12 años, es muy probable que su única fuente de entrenamiento o práctica sea en la cancha de su club o la que está más cerca de su casa.

Hagamos la consideración que el jugador se fue días antes (con el costo que esto implica) a entrenar a un lugar en circunstancias similares en donde se desarrollará el torneo con todo y su coach. El niño gana su primera ronda pero se siente inseguro en determinados golpes.  Después de su partido quiere corregir los errores. Tiene la voluntad y tiene a su coach pero no tiene donde hacerlo, porque no habrá canchas para ello.

¿Qué representa esto si los Nacionales se juegan en semanas consecutivas (dos en Semana Santa y tres en Verano)? Qué cuando más necesitas entrenar, menos puedes hacerlo. Sí un jugador entrena cuatro horas diarias, cinco veces a la semana (20 horas), ahora en las siguientes dos o tres semanas no podrá entrenar ninguna (60 horas menos), y se tendrá que conformar con su partido de torneo. Obvio al paso de los días los golpes se “descomponen” porque estás rompiendo la rutina de entrenamiento, con todo y que lleves a tu coach.

En los torneos nacionales en donde asiste mi hija he visto que se “pelean” canchas desde las seis de la mañana (lo que implica levantarte desde las cinco). Al final, si tuviste suerte de encontrar alguna, la compartes con otros dos o tres tenistas más durante unos veinte minutos, lo cual más que entrenar te sirve sólo para “calentar”.

El argumento de hoy es que los socios de estos clubes privados en donde se hacen los torneos, no quieren ni tienen porqué privarse de jugar tenis durante una semana si pagan una cuota de mantenimiento. Que mucho hacen con “prescindir” de sus canchas durante algunos horarios “muertos”.

¿Es por esto que no tenemos mejores tenistas? Por supuesto que no. Pero este es otro rubro que se puede mejorar con una correcta planeación y gestión para que no pase.  ¿Qué hacer? En lo personal se me hace un absurdo que la Ciudad de México y Monterrey que deben contar con el mayor número de canchas per capitano tengan un Nacional por temas “internos” y que ciudades “pequeñas” hayan tenido un Nacional o un Masters cuando su organización e instalaciones fueron a todas luces insuficientes.

Sin importar quién es el Presidente de la Asociación de Tenis Estatal, la Federación debe buscar lo mejor para los tenistas y sus familias. Se puede hacer una convocatoria abierta diciendo cuáles son las necesidades de canchas, arbitraje, alojamiento, etc, y que los gobiernos estatales se involucren.  Al final hay una derrama económica importante en este tipo de torneos por el gran número de visitantes que tiene el estado durante esa semana.

Si se logra este objetivo, podemos volver a una práctica que lamentablemente desapareció y que era de vital importancia para el desarrollo del tenis: Un torneo de “Consolación” que llegue hasta cuartos de final. Los que han jugado estos torneos saben a que me refiero.

En los torneos de Estados Unidos si pierdes no sales. El que perdió en semis juega por el tercero y cuarto lugar; el que llegó a cuartos juega ahora por el lugar del cinco al ocho. El que perdió en octavos por el lugar 9 al 16. Lo más parecido era el Torneo de Consolación que te permitía jugar un torneo paralelo en donde te insertabas dependiendo la ronda en que perdías.  De esta forma quien ganaba la “Consolación” era el quinto lugar del torneo principal, porque bajo este esquema los únicos que no jugaban la “Consolación” eran los que llegaban a semifinales.

Actualmente solo lo juegan los que pierden en la primera o segunda ronda, y a lo más que aspiras es al lugar 17. Cuando he preguntado el porqué no se juega como antes, me dicen que la razón es que no hay canchas suficientes. Yo pregunto: ¿Y hace 30 años si había en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey?

Bajo un esquema de este tipo, el jugador tenía una verdadera “revancha” o “segunda oportunidad” ante una mal partido. Ahí si no existía la “mala suerte” en el draw y era muy probable que el match play de esa semana si te dijera realmente donde estabas parado y cuánto habías mejorado en los últimos meses, y no como ahora, que si llegas en “blanco” a un partido en condiciones inexistentes para ti te puedes ir a tu casa luego luego.

Ahora bien, pensemos que hemos logrado los cambios de poder jugar en tu categoría y algunos torneos en la categoría de arriba, que ahora si tienes tiempo para entrenar y preparar bien tus partidos en los Nacionales, que no tienes que hacer desplazamientos tan largos para jugar torneos competitivos, que los “Torneos de Consolación” hasta semifinales han regresado y que ahora tendrás más partidos que te demuestren tu verdadero nivel durante toda una semana.

¿Qué sigue? Ahora nos toca hablar de los entrenadores, del “coaching” durante los partidos, de la oportunidad de hacer concentraciones para los mejores y de arreglar intercambios con el exterior.

Lamentablemente como me he excedido una vez más en la explicación, necesitaré dos o tres columnas más para explicar los siguientes puntos, bajo la premisa qué si podemos arreglar o subsanar estas debilidades, no nos asegurará la llegada a la meta final, pero si nos hará más corto el camino para alcanzarla.


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¿Se puede triunfar en México o hay que salir al extranjero? Parte 1

Para Gabriel Robinson El Chilpetín

Suele pasar que cuando unos padres tienen a un hijo que se destaca como el mejor o uno de los mejores tenistas infantiles o juveniles en México, y así lo presentan a amigos y conocidos en algún encuentro casual, el primer comentario que reciben de éstos es “Te lo tienes que llevar al extranjero. Aquí se va a estancar”.

Esta frase o argumento ¿Es percepción o realidad? ¿Por qué llevamos más de treinta años sin tener a un tenista profesional entre los primeros 50 del ranking mundial? ¿Qué hemos hecho mal? ¿Estamos condenados al fracaso o hay solución? ¿Qué podemos hacer cada uno desde nuestra trinchera?

Desde mi punto de vista son varios los factores que inciden por lo que se tiene que analizar desde una perspectiva integral. Para esta columna desarrollaré sólo uno de ellos. En dos o tres colaboraciones más, podré exponer los demás.

Primero. Jugar tenis puede ser barato, competir al máximo nivel es caro. Pongo un ejemplo. Tu ranking a nivel nacional en la categoría de 12 años es la suma de tus mejores siete torneos. Eso significa que tendrás que viajar mínimo siete semanas al año (lo normal es jugar de 7 a 12 torneos al año).

En este supuesto estarías pagando al menos 50 días de hotel, ya que cada torneo es en un estado de la República diferente (SLP, Querétaro, Edomex, Jalisco, Puebla, Yucatán, etc). Pero si ya estás dentro de los mejores del país y estos torneos son tan importantes, es probable que a la par de viajar con tu familia, te acompañe un entrenador o coach, por lo que ya estaríamos hablando de pagar mínimo 100 noches de hotel.

Cien días fuera de casa, equivalen a 300 comidas por persona (desayuno, comida y cena), multiplicado por papá, mamá, uno o dos hermanos (en esas categorías los jugadores suelen tener hermanos más pequeños o inclusive algún otro que compite también), más el entrenador, ya estaríamos hablando de 1,200 a 1,800 comidas durante estos torneos.

A esto hay que sumarle el sueldo del entrenador, boletos de avión, taxis, o si lo haces por tierra, casetas, gasolina, estacionamientos, más encordados, pelotas, bebidas hidratantes durante el entrenamiento y los partidos, el pago de árbitros y un largo de etcéteras más.

Todo este sacrificio en tiempo, dinero y esfuerzo, podríamos pensar que más que un gasto es una inversión si estás compitiendo al máximo nivel durante estas siete semanas. Sin embargo, esta situación que acontece para los de ranking medio o bajo, no lo es para los mejores cuando son muy superiores al resto.

Hoy por hoy, el número uno de la categoría de 12 años, tanto en hombres como en mujeres en México (Patricio Álvarez y Renata Pacheco) no tienen rival que ponga en peligro su jerarquía. Por lo que se podría afirmar que toda esta competencia, a los dos mejores exponentes de nuestro país, no los está haciendo mejores ni los está llevando al siguiente nivel.

Al quedarles “chica” la categoría de 12 años, el lector pensará que lo lógico es subirlo a la siguiente de 14 años. Sin embargo, la Federación no lo ve así, ya que para ellos el tenista que sube de categoría ya no puede regresar a la suya. En una analogía boxística, si dejaste la división de semicompletos para hacer una pelea en peso completo, nunca más puedes regresar a tu peso natural. Ante un riesgo tan alto y con una incertidumbre tan grande, más que premiar o motivar el intento, se castiga la osadía.

Entonces estos jugadores, que no tienen mayor competencia en su categoría, se mantendrán ganando con facilidad sin exigirse de más. El enorme potencial y talento del que gozan es suficiente para coronarse. Pero a esta edad ganar no significa mejorar. Y es aquí cuando uno recuerda la frase dicha al principio de esta columna “Se tienen que ir al extranjero porque aquí se van a estancar”.

¿Qué podemos hacer entonces para que estas promesas del futuro no se estanquen sino que por el contrario, mejoren y en lugar de uno o dos, tengamos diez o veinte?

Bajo la lógica de Ensayo/Error, lo primero que haría sería permitir que los jugadores puedan subir de categoría para poder medirse con rivales más fuertes, sin la condicionante de tener que abandonar definitivamente su categoría original.

Obvio se tendría que hacer de manera ordenada, siguiendo ciertas reglas, exponiendo ante un Comité Técnico de la Federación los razonamientos que justifican dicha solicitud.

Ejemplo. “En mi estado, región o sección no existe un solo jugador entre los primeros 20 del ranking nacional. Solicito autorización para subirme en estos torneos de categoría sin tener acceso a puntos del ranking nacional.”

La Federación podría contestar algo así como “Se autorizan estos torneos, por estar tal número de jugadores con estos rankings y por tener el solicitante estos scores en los últimos X meses. Dependiendo de los resultados del mismo, se someterá a evaluación las siguientes solicitudes. El jugador tendrá que presentarse a los Nacionales en su categoría hasta nuevo aviso.”

¿Qué es lo peor que podría pasar? a) El jugador se da cuenta que no tiene el nivel para subir de categoría y se regresa a la suya;  b) El jugador tiene el nivel para competir con más grandes y de manera definitiva abandona la categoría inferior; o c) El jugador tiene la posibilidad de tener mayor competencia sin necesidad de hacer viajes tan largos al ser los torneos cerca de su lugar de residencia.

Algún otro lector dirá “Pues que se ponga de acuerdo con los jugadores de la categoría de arriba y que jueguen algunos partidos de entrenamiento, y que ahí mida si se debe de subir o no”.

En principio tendría cierta lógica, pero no es suficiente. Porque en entrenamiento puedes medir ciertos golpes, alcance, fuerza o resistencia, pero para ganar y ser campeón se necesita “saber jugar los puntos importantes”, “poder cerrar partidos de mucha intensidad” en pocas palabras tener mucha “cabeza o mente” y esa sólo se adquiere con la verdadera competencia en un torneo, no en partidos de práctica.

¿Qué otros factores inciden en el desarrollo de un tenista en edades tempranas? Eso lo veremos en la siguiente columna, Parte II y Parte III.


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