Ciudad de México.— América Latina vive una paradoja marcada por la hiperconexión digital y el aislamiento emocional. México forma parte de esta tendencia, con una elevada penetración de smartphones y aplicaciones de mensajería, mientras crece el uso de inteligencia artificial como apoyo emocional.
Una encuesta de la Secretaría de Educación Pública (SEP) citada en el estudio señala que 9 por ciento de los estudiantes universitarios utiliza herramientas de IA como apoyo emocional, equivalente a 91 mil 935 jóvenes que recurren a estas plataformas para enfrentar ansiedad o estrés, buscar motivación, desahogarse o simplemente conversar.
En este escenario aparecen los compañeros de inteligencia artificial, plataformas diseñadas para mantener conversaciones, escuchar, acompañar y, en algunos casos, simular relaciones afectivas o románticas. La categoría dejó de ser una idea de ciencia ficción y comenzó a convertirse en un mercado de consumo con millones de usuarios.
Entre 2022 y mediados de 2025, la cantidad de aplicaciones de compañía con IA aumentó 700 por ciento, de acuerdo con datos de la industria citados en el reporte. Character.AI registra alrededor de 233 millones de usuarios, mientras otras plataformas y asistentes integrados en aplicaciones masivas han alcanzado también cifras de millones de usuarios.
El componente romántico gana terreno. En Estados Unidos, 19 por ciento de los adultos consultados afirmó haber conversado con una IA diseñada para simular una pareja. Entre jóvenes, un estudio de 2025 del Wheatley Institute de Brigham Young University reportó que 31 por ciento de los hombres y 23 por ciento de las mujeres habían hablado con una pareja romántica de IA.
La mensajería constituye una de las principales infraestructuras de este fenómeno. WhatsApp concentra 91 por ciento de las interacciones de IA conversacional registradas por Infobip en su plataforma, con un crecimiento interanual de 25 por ciento. En México, más de 75 por ciento de la población utiliza este canal, según los datos citados.
El crecimiento plantea una discusión que va más allá de la tecnología. La llamada economía de la soledad puede generar herramientas capaces de acompañar a personas que se sienten aisladas, pero también plantea riesgos relacionados con la dependencia emocional, la privacidad, la transparencia y la sustitución de vínculos humanos. El desafío para empresas y gobiernos será establecer reglas de diseño responsable, transparencia y verificación de edad, mientras la IA comienza a ocupar un espacio cada vez mayor en la vida afectiva y cotidiana.