Oaxaca de Juárez, Oaxaca.— Todos esperábamos la lluvia. Después de la canícula, en Miahuatlán y en muchas comunidades de la Sierra Sur confiábamos en que las lluvias regresarían copiosas y que la tierra recuperaría la humedad que necesitaban nuestros cultivos.
Pero no fue así.
Agosto avanzó. Las nubes aparecieron muchas tardes sobre nuestras montañas, pero el agua no llegó con la cantidad ni la regularidad necesarias. Hoy basta recorrer nuestros campos para encontrar milpas marchitas, hojas amarillentas, plantas que no alcanzaron su desarrollo y parcelas donde la cosecha está seriamente comprometida o simplemente se perdió. Y aunque vuelva a llover, para muchos campesinos puede ser demasiado tarde. Una lluvia tardía puede reverdecer una planta, pero no necesariamente devolverle su cosecha.
En nuestros pueblos existe un refrán que, con toda la crudeza y sabiduría del campo, dice:
“Pobre del campesino que al cielo no va: lo chingan aquí y lo chingan allá".
Y vaya que encierra una verdad.
El campesino siembra mirando al cielo porque depende de la lluvia, pero también termina mirando hacia las instituciones cuando la naturaleza le arrebata el trabajo de meses.
Por eso hacemos un llamado urgente al Gobierno de México, al Gobierno de Oaxaca y a las autoridades competentespara que recorran inmediatamente las comunidades de Miahuatlán y la Sierra Sur, levanten un censo de daños, cuantifiquen las hectáreas siniestradas y determinen técnicamente la magnitud de esta emergencia.
Si los daños lo justifican, deben realizarse las declaratorias correspondientes y activarse de inmediato apoyos y subsidios extraordinarios para los productores que hayan perdido parcial o totalmente sus cosechas.
No se trata de regalar dinero. Se trata de proteger a quienes producen nuestros alimentos y evitar que la pérdida de la milpa se convierta también en hambre, endeudamiento, abandono del campo y migración.
Nuestros campesinos hicieron su parte: prepararon la tierra, guardaron la semilla, sembraron y esperaron.
Esperaron que pasara la canícula.
Esperaron las nubes.
Esperaron la lluvia.
La lluvia no llegó como la tierra la necesitaba. Ahora no podemos pedirles que también esperen meses la ayuda gubernamental que tiene años que nunca llega !
El cielo no respondió. Que ahora respondan las autoridades.
¡Es hora de voltear a atender al campo!