El 18 de julio de 2026 celebramos la Asamblea Conjunta del Movimiento Nacional por la Esperanza (MNE) y la Coordinación Estatal de los Pueblos de Oaxaca (CEPO). Tuvimos el honor de contar con la presencia de nuestro hermano René Bejarano, así como de mujeres y hombres provenientes de distintas regiones de Oaxaca, representantes de comunidades, organizaciones sociales, liderazgos ciudadanos y personas que, desde distintos espacios, mantienen viva la convicción de que nuestro estado merece un destino mejor.
Mientras observaba a cada una y cada uno de los asistentes, encontré en sus miradas algo profundamente conmovedor: la esperanza. Y al mirar esa esperanza, también me encontré a mí mismo. Recordé tantos años de caminar comunidades, de escuchar el clamor de nuestros pueblos, de compartir alegrías y adversidades, de aprender de la sabiduría de nuestros mayores y de comprobar que, aun en medio de las dificultades, Oaxaca jamás ha perdido su capacidad de levantarse.
Comprendí que el camino que hoy iniciamos no pertenece a una sola persona ni a una organización en particular. Es el inicio de una construcción colectiva que sólo podrá consolidarse si aprendemos a poner el interés común por encima de las diferencias, de las ambiciones personales y de los proyectos efímeros. Ninguna transformación verdadera nace del protagonismo individual; nace cuando un pueblo decide caminar unido.
Vivimos tiempos complejos. Nuestro estado continúa enfrentando profundas desigualdades, comunidades sumidas en el abandono, jóvenes que migran por falta de oportunidades, pueblos indígenas que siguen esperando justicia y gobiernos que, con demasiada frecuencia, han administrado la pobreza en lugar de combatirla. Frente a esa realidad no basta con indignarnos; es indispensable organizarnos.
La emoción que vivimos durante la asamblea fue precisamente la certeza de descubrir que no estamos solos. Que existen mujeres y hombres con la voluntad de entregar su inteligencia, su experiencia, su trabajo y su corazón para convertirse en un motor capaz de acelerar los cambios que Oaxaca necesita. Cuando la esperanza deja de ser un sentimiento y se convierte en organización, adquiere la fuerza suficiente para transformar la historia.
Esta alianza entre el MNE y la CEPO no pretende ser un acuerdo de coyuntura. Aspiramos a que sea una plataforma permanente para escuchar al pueblo, construir propuestas desde abajo, fortalecer nuevos liderazgos y abrir espacios donde participen campesinos, indígenas, afromexicanos, jóvenes, mujeres, trabajadores, profesionistas, empresarios comprometidos y todas aquellas personas convencidas de que la política debe volver a ser un instrumento al servicio de la sociedad.
Los acuerdos ya están sobre la mesa. Ahora corresponde recorrer cada región, celebrar nuestras asambleas, escuchar con humildad, sumar voluntades y convertir las ideas en acciones concretas. Los grandes cambios nunca comienzan en los escritorios; nacen cuando las comunidades se organizan, dialogan y deciden construir juntas su propio destino.
Hoy más que nunca necesitamos todos los brazos, todas las inteligencias y todos los corazones. Nadie sobra cuando se trata de defender la dignidad de un pueblo. La coyuntura política que vivimos exige responsabilidad, unidad, generosidad y una enorme capacidad para anteponer el bien común a cualquier interés particular.
Tengo la certeza de que apenas hemos dado el primer paso de un largo camino. Vendrán desafíos, obstáculos y momentos difíciles, pero también sé que cuando un pueblo recupera la esperanza y decide organizarse, ninguna fuerza puede detenerlo.
La historia no la escriben quienes esperan que otros cambien las cosas; la escriben quienes tienen el valor de asumir su tiempo y caminar juntos hacia un mismo horizonte.
Desde Oaxaca, la esperanza que transforma a México.