Ciudad de México.— El negocio de las apuestas online mueve cientos de millones, pero comparar cuánto genera cada operador en México no resulta sencillo. Caliente, Codere y RushBet reportan bajo criterios distintos y, en algunos casos, sus cifras regionales impiden identificar cuánto corresponde exclusivamente al país.
En el caso de Caliente Interactive, los resultados financieros publicados por Playtech, socio y accionista con una participación de 30.8%, ofrecen una referencia relevante. La compañía registró 652.2 millones de euros en ingresos y 170.4 millones de euros de utilidad de operaciones continuas entre el 31 de marzo y el 31 de diciembre de 2025. La cifra corresponde al periodo y perímetro financiero reportados por Caliente Interactive, por lo que no debe presentarse como una cuenta separada exclusivamente de México.
Codere Online sí permite observar con mayor precisión el mercado mexicano. En el primer semestre de 2026 reportó 70.6 millones de euros de NGR en México, frente a 59.5 millones en el mismo periodo de 2025, un aumento de 19%. En el segundo trimestre alcanzó 36.1 millones de euros, mientras que el promedio mensual de jugadores activos llegó a 93,200. NGR significa ingresos netos por juego y no debe confundirse con dinero apostado, ingresos contables o utilidad.
El caso de RushBet, marca de Rush Street Interactive, muestra el otro lado del problema. Durante el primer semestre de 2026, su operación de Latinoamérica —que agrupa México, Colombia y Perú— generó 195.7 millones de dólares en ingresos. Esa cantidad no puede atribuirse a México: la empresa no desglosa públicamente en ese reporte cuánto corresponde a cada país.
El crecimiento del negocio también plantea preguntas regulatorias. En México existen restricciones para que los menores participen en juegos y apuestas, pero han surgido iniciativas legislativas para establecer controles específicos en plataformas digitales, incluida la verificación de mayoría de edad antes del registro y acceso. Estas propuestas siguen siendo iniciativas, no obligaciones vigentes, por lo que no deben confundirse con la legislación actualmente aplicable.
El contraste internacional ayuda a dimensionar el reto. En Reino Unido, los operadores online deben comprobar edad e identidad antes de permitir apostar; en España, los operadores autorizados también deben identificar a los participantes y verificar su edad, mientras existen restricciones específicas sobre publicidad dirigida o atractiva para menores. El debate mexicano, por tanto, no se limita a cuánto dinero genera el sector, sino a qué controles digitales acompañan ese crecimiento.
La pregunta de fondo es inevitable: si las apuestas dejaron hace tiempo de estar confinadas a los casinos y ahora caben en un teléfono celular, ¿la regulación mexicana avanzó al mismo ritmo que el negocio digital? Las cifras disponibles muestran un sector millonario, pero todavía falta una fotografía pública, homogénea y completa de cuánto genera cada operador en México y cuánto termina realmente como utilidad.