Mitos y realidades sobre el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes
Mitos y realidades sobre el consumo de sustancias psicoactivas en adolescentes
Prevenir el consumo adolescente exige información, diálogo familiar y acompañamiento oportuno.
Prevenir el consumo adolescente exige información, diálogo familiar y acompañamiento oportuno.
Pinotepa Nacional, Oaxaca.— Hablar sobre el consumo de sustancias psicoactivas durante la adolescencia no debería limitarse a decirles a los jóvenes que “las drogas son malas”. El tema es mucho más complejo. La adolescencia es una etapa de importantes cambios físicos, emocionales y sociales, y durante estos años aumenta la búsqueda de nuevas experiencias, la necesidad de pertenecer a un grupo y, en algunos casos, la exposición a situaciones de riesgo.
Por ello, es importante distinguir entre lo que realmente sabemos sobre el consumo de sustancias y algunas ideas que se han repetido durante años.
Mito 1: “Todos los adolescentes consumen drogas”
Realidad: No todos los adolescentes consumen sustancias psicoactivas. Generalizar puede provocar que el consumo parezca algo normal o inevitable.
Existen adolescentes que nunca consumen y otros que pueden experimentar con alguna sustancia. Además, los factores de riesgo y protección son diferentes para cada persona. Una familia que mantiene una comunicación abierta, establece límites claros y ofrece apoyo emocional puede convertirse en un importante factor de protección.
Mito 2: “Si consume una vez, necesariamente se volverá adicto”
Realidad: Experimentar con una sustancia no significa automáticamente desarrollar una adicción. Sin embargo, tampoco significa que experimentar sea inofensivo.
El riesgo depende de diferentes factores, como la sustancia utilizada, la frecuencia y cantidad de consumo, la edad de inicio, la salud mental, las condiciones familiares y sociales y la vulnerabilidad individual.
En particular, iniciar el consumo durante la adolescencia puede ser preocupante porque el cerebro continúa desarrollándose durante esta etapa.
Mito 3: “El alcohol y el tabaco no son drogas”
Realidad: El alcohol y el tabaco contienen sustancias psicoactivas y pueden generar dependencia. Que sean sustancias legales para los adultos no significa que sean inocuas ni que su consumo sea apropiado para adolescentes. El alcohol, por ejemplo, puede afectar el juicio y aumentar la probabilidad de accidentes y otras conductas de riesgo.
Mito 4: “La marihuana es natural, por eso no hace daño”
Realidad: Que una sustancia provenga de una planta no significa que sea inofensiva.
El cannabis contiene sustancias que actúan sobre el cerebro y su consumo durante la adolescencia se ha relacionado con problemas de atención, memoria y aprendizaje, además de un mayor riesgo de desarrollar problemas relacionados con su consumo en algunas personas.
Esto no significa que todas las personas que consumen cannabis desarrollarán una dependencia, pero sí que existen riesgos que no deben minimizarse.
Mito 5: “Si mi hijo consume, es porque yo fui un mal padre o una mala madre”
Realidad: El consumo de sustancias no puede explicarse por una sola causa.
La influencia de los amigos, la disponibilidad de sustancias, las experiencias adversas, la salud mental, la presión social, las características individuales y el entorno familiar pueden interactuar entre sí.
Culpar inmediatamente a los padres puede dificultar que la familia busque ayuda. Lo más útil es identificar qué está ocurriendo y qué factores pueden estar favoreciendo o protegiendo al adolescente.
Mito 6: “Hablar con los adolescentes sobre drogas les da ideas para consumir”
Realidad: Hablar de manera adecuada sobre el tema puede ser una herramienta de prevención.
Evitar completamente la conversación deja a los adolescentes expuestos a información proveniente de amigos, redes sociales o fuentes que pueden presentar una visión distorsionada del consumo.
Hablar no significa dar instrucciones sobre cómo consumir. Significa explicar los riesgos del consumo, escuchar sus dudas, fortalecer su capacidad para tomar decisiones y enseñarles a pedir ayuda cuando la necesiten.
Mito 7: “Si tiene buenas calificaciones, no puede tener un problema de consumo”
Realidad: Un adolescente puede mantener un buen desempeño académico y, al mismo tiempo, presentar dificultades relacionadas con el consumo.
Por eso, no debemos esperar necesariamente que aparezcan problemas escolares graves para prestar atención. Cambios importantes en el comportamiento, aislamiento, alteraciones del sueño, cambios repentinos de amistades, pérdida de interés por actividades habituales o dificultades emocionales pueden ser señales que ameritan una conversación y, si es necesario, una valoración profesional.
Mito 8: “Castigarlo es suficiente para que deje de consumir”
Realidad: Los límites son importantes, pero el castigo por sí solo no necesariamente resuelve el problema.
Cuando existe un patrón de consumo problemático, es necesario comprender qué función está cumpliendo la sustancia en la vida del adolescente. Algunas personas pueden utilizarla para afrontar estrés, tristeza, ansiedad, presión social u otras dificultades.
Una intervención adecuada puede incluir al adolescente, a su familia y, cuando sea necesario, a profesionales de la salud mental y de la salud física.
Entonces, ¿qué podemos hacer como adultos?
La prevención comienza mucho antes de que aparezca un problema.
Madres, padres, docentes y otros adultos cercanos pueden contribuir mediante acciones sencillas pero importantes:
- Mantener una comunicación abierta y sin burlas ni amenazas.
- Establecer límites claros y coherentes.
- Conocer las amistades y actividades del adolescente.
- Enseñar habilidades para manejar presión social y resolver problemas.
- Prestar atención a cambios importantes en su conducta y estado emocional.
- Evitar normalizar el consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias frente a los menores.
- Buscar orientación profesional cuando existan señales de preocupación.
También es importante recordar que pedir ayuda no significa que una familia haya fracasado. Buscar apoyo oportunamente puede evitar que una situación se vuelva más complicada.
Una reflexión final
Los adolescentes necesitan información, pero también necesitan adultos dispuestos a escucharlos. El miedo, las amenazas y los prejuicios pueden cerrar las puertas de la comunicación. En cambio, una conversación respetuosa permite conocer qué piensa el adolescente, qué está viviendo y qué necesita.
No se trata de justificar el consumo ni de minimizar sus riesgos. Se trata de comprender que la prevención funciona mejor cuando combinamos información científica, límites, acompañamiento, educación emocional y acceso oportuno a servicios de salud.
Hablar sobre sustancias psicoactivas no debe hacerse solamente cuando ya existe un problema. La prevención comienza cuando todavía podemos hablar, escuchar y acompañar.
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Fuente 1:American Academy of Pediatrics. (2019). Substance use screening, brief intervention, and referral to treatment. Pediatrics, 144 (5), e20192765.
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Fuente 2:National Institute on Drug - Abuse. (2020). Drugs, Brains, and Behavior: The Science of Addiction. National Institutes of Health.
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Fuente 3:National Institute on Drug Abuse. (2024). Adolescent and young adult substance use. National Institutes of Health.
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Fuente 4:Organización Mundial de la Salud. (2024). Alcohol. World Health Organization.
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Fuente 5:Organización Panamericana de la Salud. (2021). Uso de sustancias y salud mental en adolescentes y jóvenes. Organización Panamericana de la Salud.
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Fuente 5:United Nations Office on Drugs and Crime. (2023). World Drug Report 2023. United Nations.
Importante
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